I.
Introducción
Tango,
forma musical, bailable y cantable, con cuatro pies rítmicos distribuidos
en dos tiempos. Prosperó en el Río
de la Plata desde el último tercio del siglo XIX, en particular en
la ciudad de Buenos
Aires. El mismo término designa una forma del cante flamenco
y, en Andalucía, en la segunda mitad del siglo XIX, a la habanera.

II. El origen de la palabra

Aunque
se aplica a músicas de muy distinto carácter y forma, tango es una palabra
cuyo origen responde al mismo fenómeno histórico: el trasiego cultural
entre España y América. De raigambre africana, proviene del comercio de
esclavos, según historiadores como José Gobello y Ricardo Rodríguez Molas.
En algunas lenguas africanas, designaba el lugar donde se reunía a los
negros lugareños para embarcarlos como esclavos. El término tangomao
era un africanismo de la lengua portuguesa y quería decir "hombre
que trafica con negros".
En
América, por extensión, se llamó tangos a los sitios en que la
población negra se reunía para bailar y cantar, y por el mismo proceso
de ampliación verbal, a toda la música que se tocaba en ellos. El parecido
con el término tambor ha hecho pensar que se trataba de una deformación
de esta palabra, ya que tambor fue, asimismo, en los siglos XVIII y XIX,
un lugar de baile en distintos países de Hispanoamérica.

III. Una música mal vista


En
el último tercio del siglo XIX, el tango rioplatense prosperó en lugares
de mala nota, bailes de soldados, cafetines de suburbios y prostíbulos.
Los primeros tangos carecían de autores, a veces eran meras recopilaciones
de melodías folclóricas que se tocaban con ritmos casuales y a las que
se solía agregar letrillas procaces. Algunas de estas piezas fueron recopiladas
tardíamente por músicos como Julián
Aguirre y Carlos Vega. El primer tango con autor conocido es "El
entrerriano", de Rosendo Mendizábal, estrenado en 1896 e impreso
en 1898.
Lo
más reprensible del tango primitivo, aparte de su origen barriobajero,
era su coreografía de parejas agarradas que entrelazaban las piernas con
movimientos de la mitad inferior del cuerpo, considerados obscenos por
evocar la relación sexual. Debido a ello se tocaba en revistas y espectáculos
musicales desprovisto de letras ofensivas y de pasos de baile.
Las
primitivas orquestas de tango eran pequeñas (tríos, cuartetos) y de composición
inestable. Generalmente estaban formadas por instrumentos fáciles de transportar,
entre ellos el bandoneón,
un pequeño órgano portátil de origen alemán. Entre los músicos que integraban
estas primeras agrupaciones figuraban los que se denominaron más tarde
Guardia Vieja: Genaro Sposito, Ángel
Villoldo, Juan Maglio y los dos más importantes: Roberto Firpo y Francisco
Canaro.

IV. El tango clásico

A
comienzos de la década de 1910, el tango se puso de moda en París y, como
consecuencia de ello, en el resto de Europa y en Estados Unidos. En Buenos
Aires se olvidó su mala fama y se aceptó en los salones de la alta sociedad
y en los cabarés
de lujo. Esto permitió contar con orquestas estables, normalmente sextetos,
de composición fija: bandoneones, violines,
piano
y contrabajo.
Músicos
de mejor preparación profesional y compositores más refinados en cuanto
a la armonía
y la melodía
reformaron y modernizaron el tango, creando la llamada Guardia Nueva.
Entre ellos: Juan Carlos Cobián, Enrique Delfino, Julio
De Caro, Osvaldo
Fresedo y Elvino Vardaro.
Asimismo,
la posibilidad de cantar en los teatros y, más tarde, en la radio, así
como la fabricación de discos de gramófono,
favorecieron la aparición de cantantes de tangos, el más famoso de los
cuales fue Carlos
Gardel. Otros nombres importantes del canto son Mercedes Simone, Ada
Falcón, Sofía Bozán, Tita Merello, Rosita
Quiroga, Azucena
Maizani, Ignacio
Corsini, Agustín
Magaldi y Alberto Gómez. Para satisfacer esta demanda de tango cantado
se estableció la figura del letrista, que compone los textos a cantar.
Los más acreditados son Enrique
Santos Discépolo, Homero
Manzi, Enrique
Cadicamo, Pascual
Contursi y Francisco García Jiménez. Estas letras mezclan diversas
fuentes, entre ellas la poesía en léxico lunfardo (la germanía de Buenos
Aires) y los recursos retóricos del modernismo.

V. El tango de concierto


La
fama del tango entre 1913 y 1939 (vísperas de las dos guerras mundiales)
que acreditan escritores como Jean
Cocteau y Francis
Scott Fitzgerald, entre otros muchos, interesó a diversos compositores
de la época, que se valieron de él para sus partituras. Entre ellos podemos
citar a Ígor
Stravinski, Ernst
Krenek, Morton
Gould, Kurt
Weill y Jacinto Guerrero.
En
tanto, en su lugar de origen, el tango sigue su desarrollo cada vez más
sofisticado y modernizador, apareciendo la generación de 1940 que actualiza
su música y su literatura. Entre los compositores y directores de esa
época destacan Osvaldo
Pugliese y Carlos Di Sarli (que habían comenzado en la década de 1920),
Aníbal
Troilo, Horacio
Salgan y Alfredo
Gobbi. Entre los letristas: Homero Expósito y José María Contursi.
Las orquestas promueven a cantantes de estribillos que luego llegarán
a ser acreditados solistas, como Francisco Fiorentino, Edmundo Rivero
y Roberto
Goyeneche.
A
mediados de la década de 1950 surgió un movimiento de vanguardia en la
trayectoria del tango, cuyo representante más notorio es Ástor
Piazzola. Iniciado en esta música en su niñez, tuvo una orquesta típica
propia a mediados de la década de 1940 y luego estudió música en Argentina
y Europa. De regreso a su tierra, ensayó diversas formaciones, desde el
quinteto y el octeto hasta la gran orquesta. Piazzola introduce en el
tango modernas armonías disonantes, ritmos no tradicionales, la improvisación
propia del jazz
y el uso del contratiempo. Entre los grandes músicos contemporáneos que
le han influido cabe recordar al citado Stravinski y al húngaro Béla
Bartók.

VI. Las letras del tango


Las
más características datan de las décadas de 1920 y 1930. De ellas se desprende
la visión de una sociedad tradicional basada en la familia, que siempre
está centrada en la figura de la madre y se ve acechada por los peligros
que corren los jóvenes: la corrupción que el cabaré propone a las mujeres
y el juego y la disolución a los varones.
Las
letras clásicas de tango evocan los barrios humildes y decentes de Buenos
Aires, donde viven gentes sencillas que exaltan las pequeñas virtudes
de la modestia y la austeridad. El mundo social que rodea a estos barrios
es visto con notorio fatalismo y apuntes de crítica jocosa de las costumbres
de las clases adineradas.


Bibliografía

INFORMACION OBTENIDA DE:
"Tango" Enciclopedia Microsoft® Encarta® en línea 2001
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