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Cambalache siglo XXI
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Haciendo
balance el 2000 no fue un buen año. El milenio se despidió
despidiéndome de algunas cosas muy queridas y ocasionándome
un gran malestar, que intenté aplacar sumergiéndome
en el mundo de la topología. Topología y tango fueron
las únicas materias que aprobé al llegar los exámenes
finales. El resto de materias de la vida me las llevé a Septiembre
(que en el otro hemisferio viene a ser "me las llevé a
Marzo").Pero todas las cosas parecen tener dos lados y hay que
tratar de mirar siempre el lado bueno. Por eso, a pesar de no ser
de mis mejores años, el pasado mereció la pena por todo
lo que aprendí. Ahora voy a hacer uso de parte de lo aprendido: |
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-Para empezar, el abrazo de Möbius es una superficie no orientable. Cuando uno se hace parte del abrazo se desorienta y no sabe qué dirección es normal seguir. No puede definir una normal continua. Su único referente es la otra persona que forma parte del abrazo. Por separado, hombre y mujer son superficies orientables, pero al unirse en el abrazo ambos pierden la noción de normalidad, están desorientados. Hay quien se sale por la tangente dándole más importancia al firulete que al abrazo. Pero en un buen tango el abrazo es de Möbius. -Por otro lado, el abrazo de Möbius es una superficie unilátera. Podemos pasar de un lado al otro sin atravesar el borde o la frontera. Porque realmente no hay frontera entre los integrantes del abrazo. Además, al dejarnos invadir por la música, la unilateralidad permite pasar de la realidad al deseo sin cruzar una frontera. El abrazo es la fantasía que sitúa en el mismo tiempo y en el mismo lugar, eliminando fronteras, el anhelo presente, el recuerdo pasado y la vivencia futura. Deseo abrazarlo, recuerdo que ya lo abracé alguna vez y me satisfizo, fantaseo con volver a vivirlo e imagino ese tango que bailaremos. El abrazo de Möbius es mágico, unilátero. Esta unilateralidad la consigue el abrazo gracias a la torsión de los cuerpos. La torsión nos mantiene unidos, nos hace uno arriba y nos individualiza abajo. Disociamos nuestros cuerpos para conseguir a la vez identificarnos con nuestra pareja formando unidad y aplicarnos en nosotros mismos formando así pareja. La lateralidad es una propiedad extrínseca que adquiere el abrazo al ser sumergido en el espacio de tres dimensiones llamado milonga. Por mucho que se estire o deforme el abrazo de Möbius conserva su sentido de torsión. Como consecuencia de la torsión, si cortamos el abrazo longitudinalmente nos sorprenderemos al obtener una única banda con dos torsiones en lugar de dos bandas separadas como era de esperar. Es decir, si cortamos el abrazo dejando a un lado "la propuesta" y al otro "la respuesta", comprobaremos que no hay corte entre propuesta-respuesta, no hay frontera entre música y baile, enlazamos sin saltos (todito por el suelo) sentimiento y movimiento. |
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Querido lector que ha llegado hasta
aquí: si sos matemático me acusarás de falta
de rigor, pero por suerte el tango no es riguroso. Si sos matemático
y bailás tango...¡che, ya somos dos! Si sos psicoanalista,
me disculpo si en algún momento falté a Lacan. En otro
caso, quizás pensés que estoy piantada... que va a ser,
quereme así.
Mariana Ancarola |
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